Benjamín (1 año) nació con hidrocefalia congénita. A las pocas semanas de vida, los neurocirujanos del Hospital Infantil de México Federico Gómez le colocaron una válvula de derivación ventrículo-peritoneal — un tubo delgado que drena el líquido cefalorraquídeo desde el cerebro hacia el abdomen. Hoy, esa válvula es lo que decide, cada día, si Benjamín crece sano o se hospitaliza de urgencia.
La familia vive en una casa rentada en Iztapalapa. Ángel (34), su papá, trabaja como chofer de carga por su cuenta. Micaela (31), su mamá, dejó de trabajar para cuidar a Benjamín tiempo completo. Tienen dos hijas más, de 5 y 3 años, que se quedan en casa de los abuelos cada vez que hay una hospitalización.
No cuentan con IMSS ni ISSSTE. IMSS Bienestar no cubre la medicación anticonvulsiva, las sesiones de fisioterapia a domicilio y las resonancias de control de la válvula. Todo eso suma $45,000 MXN al mes. Es lo que la familia hoy, por sí sola, no puede pagar.
Hace meses que Ángel entra a trabajar a las 4 de la mañana y vuelve de noche sin ver despierto a su hijo. "Por un hijo no se discute", dice. "Se busca el dinero como sea". Pero no alcanza.